Si buscas chistes de pareja, humor absurdo, indirectas de las que duelen pero hacen reír, y situaciones que parecen sacadas de tu última discusión de WhatsApp... acabas de aterrizar en el paraíso del sarcasmo en zapatillas.
Te presentamos a Paco y Maite, una pareja con más tensión que un enchufe mojado, pero con química suficiente como para escribir 10 temporadas de comedia negra.
Aquí no hay romanticismo barato ni frases de Paulo Coelho.
Hay realidad.
Hay cama sin hacer, silencios que cortan y polvo que no siempre llega (ni emocional ni literal).
Pero también hay risa. De la buena. De esa que suelta el alma.
Prepárate para leer los mejores chistes de Paco y Maite, cargados de ironía, celos disfrazados de humor, y ese puntito subido de tono que te hará decir “yo no debería reírme de esto… pero JAJAJA”.
📍 Advertencia: si alguna vez has amado, odiado, deseado o bloqueado a alguien en tu vida…
Te vas a sentir demasiado identificado.
Y si no tienes pareja, no pasa nada:
reírse de la ajena también cuenta como terapia.
Chistes de Paco y Maite para troncharse
- —Maite, ¿me estás ignorando?
—¿Tú crees que si te estuviera ignorando te estaría contestando? - —Paco, ¿tú crees que estoy gorda?
—¿Comparado con qué, Maite? - —Maite, ¿tú me amarías igual si fuera pobre?
—Paco… si fueras pobre tendrías que gustarme más que el chocolate. Y no lo haces. - —Paco, ¿tú antes me mirabas más?
—Es que antes veía bien. Ahora tengo presbicia y decepción. - —Maite, ¿por qué me contestas con sarcasmo?
—Uy, perdón, no sabía que hoy venías sensible. - —Paco, he visto que le diste like a una rubia en bikini.
—Maite, fue un error de pulgar…
—¿Y el comentario de “diosa”? ¿También fue el pulgar? - —Maite, este finde hay carrera de sacos. ¿Vamos?
—Sí, Paco, llévate el tuyo y quédate a dormir allí. - —Maite, ¿te acuerdas cuando hacíamos el amor todos los días?
—Sí, Paco… cuando éramos felices y teníamos ganas de vivir. - —Paco, ya no haces nada por sorprenderme.
—¿Cómo que no? Ayer lavé un plato.
—Lo sé, lo enmarqué. - —Maite, ¿me prestas tu coche?
—Claro, pero primero explícame por qué el seguro me llama con miedo cuando tú lo conduces. - —Paco, ¿has visto mis tacones?
—Sí, están en el armario de “cosas que te hacen infeliz y aún así no tiras”. - —Maite, ¿y si tenemos otro hijo?
—Paco, a ti no te da ni para cambiar la bombilla.
—Pero sí para darte amor.
—Eso tampoco. - —Paco, me he comprado ropa nueva.
—¡Pero si tienes un armario lleno!
—¡Y tú tienes cerebro y aún así no lo usas! - —Maite, ¿te echo de menos?
—Paco, estás en el baño, vuelve a la cama y deja de hacer poesía. - —Paco, ¿por qué me llevaste al cine a ver una de terror?
—Porque así me agarras fuerte.
—Pues me dormí. Y roncaste tú del miedo. - —Paco, ¿por qué no me haces el amor como antes?
—Porque antes no tenías Netflix y ahora te duermes a los 5 minutos de “poner algo”. - —Maite, ¿jugamos al médico?
—Sí, pero tú eres el paciente en coma y yo cobro la consulta. - —Paco, anoche soñé que me ponías contra la pared…
—¿Y te gustó?
—Sí, hasta que sacaste el rodillo y me pusiste a pintar. - —Maite, ¿te gusta cuando te muerdo el cuello?
—Sí, pero no como si fueras un zombie con hambre. Aprende a erotizar sin dejar marcas, hijo del susto. - —Paco, ¿sabes cuál es tu mayor talento?
—¿Cuál?
—Durar menos que el WiFi en casa de mi madre. - —Maite, ¿hacemos travesuras en la cocina?
—¿Quieres que mezcle veneno en tu sopa? Porque es lo único que se me ocurre con emoción. - —Paco, ¿por qué no me quitas la ropa como antes?
—Porque ahora todo tiene botones, cremalleras y drama. - —Maite, ¿jugamos a los bomberos?
—Vale. Tú ardes en deseos… y yo te apago con indiferencia. - —Paco, hoy estoy que muerdo.
—Perfecto, yo vine con ganas de morir. - —Maite, ¿qué harías si llego desnudo a la cama?
—Taparte. Por el bien de mi líbido. - —Paco, ¿sabes qué es lo más duro de nuestra relación?
—¿El silencio?
—Tu cuerpo cuando te veo en calzoncillos. En plan: "¿y esto me excita o me trauma?" - —Maite, ¿me ves sexy?
—Sí, como un jamón serrano olvidado al sol. - —Paco, ¿te molesta que me duche con el consolador?
—Solo si no lo enjuagas después. - —Maite, ¿quieres probar algo nuevo en la cama?
—Sí: que duermas en el sofá. - —Paco, ¿sabes cuál es tu problema?
—Dímelo.
—Que confundes deseo con derecho. - —Maite, ¿te gusto más callado?
—Me gustas más lejos. - —Paco, si fueras un juguete sexual…
—¿Sería tu favorito?
—Serías el que nunca enciendo porque hace ruido y me da vergüenza. - —Maite, ¿te excita que tome el control?
—Solo si es del mando y pones algo bueno. - —Paco, ¿has pensado en grabarnos?
—¿En la cama?
—No, cuando discutes… así lo ves y te das vergüenza. - —Maite, ¿hacemos el amor como en los viejos tiempos?
—Sí, pero esta vez tú lloras después, no yo. - —Paco, ¿has bajado al perro?
—¿Otra vez?
—Sí, y si te portas mal, también duermes con él. - —Maite, ¿te gusta que te agarre por detrás?
—Sí, del cuello, cuando roncas. - —Paco, hoy quiero que seas un animal salvaje en la cama.
—¿Tipo león?
—No, tipo gato… ¡que duermas 16 horas y no molestes! - —Maite, ¿te importa si llego tarde hoy?
—No, mientras no llegues con purpurina y olor a colonia barata. - —Paco, ¿te acuerdas cuando me deseabas con locura?
—Sí, luego se me pasó. Como la alergia. - —Maite, ¿por qué no me miras cuando hacemos el amor?
—Porque si lo hago pierdo la concentración y se me va la risa. - —Paco, ¿quieres que te sorprenda esta noche?
—¡Sí!
—Perfecto. Vengo sin ganas y con pijama de franela. - —Maite, ¿sabes que me calientas?
—Tú también. Especialmente cuando usas el secador con el disyuntor enchufado. - —Paco, ¿me amas aunque me ponga fea?
—Sí, es lo que me mantiene aquí cada día. - —Maite, si me muero, ¿qué harías?
—Poner el WiFi a mi nombre y empezar a vivir. - —Paco, hazme tuya.
—¿Ahora?
—Sí, pero solo si dura más que tu último intento. - —Maite, anoche soñé contigo…
—¿Sexualmente?
—No, discutíamos. Como siempre. - —Paco, ¿no te aburres de mí?
—A veces, pero ya me acostumbré. Como a la hipoteca. - —Maite, quiero un trío.
—Perfecto, llamamos al gasista que al menos resuelve cosas. - —Paco, ¿por qué te vas tan pronto después del sexo?
—Porque si me quedo, me haces hablar de sentimientos y pierdo la erección. - —Maite, ¿sientes mariposas cuando me ves?
—No, siento acidez. - —Paco, tengo ganas.
—¿De qué?
—De ver Netflix sin ti. - —Maite, ¿me estás seduciendo o te olvidaste de vestirte?
—¿Y si son las dos? - —Paco, ¿me prefieres con lencería roja o negra?
—Con pantalón de chándal, que no me das sustos. - —Maite, ¿hacemos algo salvaje esta noche?
—Vale, te dejo leer mis mensajes de Instagram. - —Paco, ¿te gusta el cuero?
—Sí, pero en el sofá. No en tu corsé de tortura medieval. - —Maite, ¿me dejarías tener una amante?
—Claro, pero primero aprende a satisfacer a la oficial. - —Paco, ¿tú sabes lo que es el consentimiento?
—Sí, y por eso ni te toco cuando estás de malas. - —Maite, ¿quieres que te bese los pies?
—Solo si antes te lavas el alma. - —Paco, esta noche te toca a ti arriba.
—¿Y si me da un calambre?
—Entonces al menos sentiré algo. - —Maite, ¿te importaría disfrazarte para mí?
—¿De qué?
—De alguien que quiere hacerlo conmigo. - —Paco, no quiero hablar de sexo hoy.
—Perfecto, así no hablamos de tus críticas de siempre. - —Maite, ¿cuál es tu mayor fantasía?
—Que limpies el baño sin que te lo pida. - —Paco, ¿por qué no me haces caso?
—Porque aprendí que el silencio también es una forma de amor. - —Maite, ¿quieres hacer algo sucio?
—Sí, fregar tú el suelo esta vez. - —Paco, ¿qué se siente cuando me ves desnuda?
—Como cuando ves una tarta y estás a dieta: deseo mezclado con miedo. - —Maite, ¿te pones celosa si miro a otras?
—No. Me pongo feliz, porque así al menos me das un descanso. - —Paco, ¿te parezco intensa?
—Sí. Tipo telenovela con tres temporadas de gritos. - —Maite, ¿me quieres?
—Como a las croquetas: me encantan, pero no puedo abusar o me empalago. - —Paco, ¿sabes que tus caricias me hacen cosquillas?
—¿Y eso es bueno?
—No. Me río para no llorar. - —Maite, ¿qué harías si me fuera con otra?
—Pedirle disculpas y desearle suerte. - —Paco, ¿me encuentras atractiva?
—Sí, como una tormenta: impredecible y peligrosa. - —Maite, ¿jugamos al escondite?
—Vale, escóndete y no salgas hasta 2027. - —Paco, si fueras comida, ¿qué serías?
—Un chicle pisado: pegajoso, innecesario y difícil de quitar. - —Maite, ¿te molesta que me quede dormido después del sexo?
—No, me molesta que lo llames sexo. - —Paco, ¿sabes lo que quiero ahora?
—¿Un beso?
—No. Que te vayas. - —Maite, ¿qué te excita?
—El silencio. El bendito, santo y eterno silencio. - —Paco, ¿crees que necesito terapia?
—Tú no. Tu demonio interno sí. - —Maite, ¿crees en el amor eterno?
—Sí. Como los resfriados mal curados. - —Paco, me siento usada.
—Te comprendo, yo también después de lavar los platos. - —Maite, ¿quieres experimentar cosas nuevas?
—Sí, como tener orgasmos. - —Paco, ¿puedo usar tu tarjeta?
—¿Para qué?
—Para pagar mi paciencia contigo. - —Maite, ¿me ves como un hombre irresistible?
—Te veo como una tostada sin sal: básica y prescindible. - —Paco, ¿te gustaría verme con otro?
—No. Pero si eso te hace feliz… que Dios lo bendiga. - —Maite, ¿te gusto cuando hablo sucio?
—Sí, especialmente cuando dices “voy a limpiar”. - —Paco, ¿me harías un striptease?
—Sí, pero no me hago responsable del trauma visual. - —Maite, ¿te gustaría una noche loca?
—Sí, pero sin ti. - —Paco, ¿quieres probar un lugar nuevo para hacerlo?
—¿Dónde?
—En otra vida. - —Maite, ¿qué tal estuve anoche?
—Como el WiFi de mi abuela: lento, intermitente y decepcionante. - —Paco, ¿cómo te va en la cama?
—Bien, me muevo poco para que no se note que no hago nada. - —Maite, ¿me dejas verte desnuda?
—Solo si cierras los ojos y haces ayuno visual. - —Paco, ¿crees que lo nuestro tiene arreglo?
—Solo si hay obra pública y presupuesto del Estado. - —Maite, ¿te molesta que no me esfuerce?
—No, me molesta que respires sin ganas también. - —Paco, si fueras perfume, ¿cómo olerías?
—A excusas y falta de compromiso. - —Maite, ¿quieres que te abrace?
—Sí, pero con una sábana de por medio. - —Paco, ¿qué me dirías si me fuera con otro?
—¿Te ayudo con las maletas? - —Maite, ¿te gustó el polvo de anoche?
—Sí, el del mueble que no limpiaste. - —Paco, ¿me pones nerviosa?
—Eso es pasión.
—No, es ansiedad. - —Maite, ¿y si probamos sexo tántrico?
—Perfecto, mientras más lejos estés y más tarde acabes, mejor. - —Paco, ¿tú sabes lo que me enciende?
—¿Mi cuerpo?
—No, el mechero cuando pienso en prenderle fuego a todo esto.

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